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2018 30 Ene —LA NEUROCIENCIA DE LA ILUMINACIÓN

Las promesas de las religiones del mundo son tan universales que es probable que el anhelo de alegría, paz interior y bienestar estén ahora integrados en el cerebro humano y se hayan convertido en un instinto social tan poderoso como el impulso de procrear.

La Biblia, el Corán, las escrituras budistas e hindúes enseñan que podemos ser entregados a un estado paradisíaco, ya sea después de la muerte, al final de los tiempos, después de muchas reencarnaciones, o como resultado de un esfuerzo y mérito personal. Este estado de liberación es llamado gracia o cielo por las religiones cristianas, paraíso por los musulmanes y despertar o iluminación por las tradiciones orientales (usando varios términos como samadhi, mukti, bodhi, satori y nirvana).

Pero, ¿y si la gracia, el samadhi y la iluminación se basan realmente en la ciencia biológica? ¿Qué pasa si son estados de mayor orden y complejidad creados por circuitos programables en el cerebro? ¿Puede la neurociencia cumplir las promesas presentadas por la religión: liberarse del sufrimiento, la violencia, la escasez y la enfermedad? ¿Puede la neurociencia llevarnos a una vida donde reinan la salud, la paz y la abundancia?

En la década de 1930, los chamanes Dogon de África occidental informaron a dos antropólogos franceses de la existencia de un sol acompañante para Sirius, la Estrella del Perro. Este cuerpo celeste no se podía ver a simple vista, y los chamanes no tenían acceso a telescopios sofisticados. Sin embargo, lo describieron como extremadamente pesado, orbitando alrededor de Sirius en un patrón elíptico que requirió medio siglo para cada ciclo completo. Cuarenta años después, los astrónomos con telescopios potentes identificaron la estrella y la llamaron Sirio B. Hay muchos más ejemplos del descubrimiento de conocimiento aparentemente imposible. Por ejemplo, los sabios de Amazon afirmaron que, después de ayunar y rezar durante misiones de visión, las plantas mismas les enseñaron cómo preparar el curare, una neurotoxina empleada para la caza y también utilizada para la anestesia moderna.

Es estadísticamente imposible descubrir la fórmula del curare a través de la prueba y el error, lo que subraya la afirmación de los chamanes de que accedieron a la información del mundo natural, de la biosfera misma, aprovechando la sabiduría invisible de un campo que impregna toda la vida. Esta red de vida, a la que se refieren como la Madre Divina, es un sistema de energía viva que apoya e informa a todas las criaturas. Es, en esencia, una matriz de energía que conecta a todas las entidades vivientes.

Este concepto está volviendo a las mentes de la comunidad científica. Los científicos también están comenzando a reconsiderar la noción de espacio como un gran vacío. Un número creciente de físicos postula que el espacio no está vacío sino lleno de energía: radiación cósmica del Big Bang, campos electromagnéticos pulsantes y gravedad. ¿Podría esta energía ser también un vasto depósito de información?

El péndulo ha comenzado a volver a la antigua creencia en un universo interconectado y la importancia de lo divino femenino. Científicos contemporáneos, incluido el ganador del Premio Noble Erwin Schrodinger, el neurocientífico Humberto Maturana y el físico Francisco Varela, han sugerido la interrelación de todas las partículas en el universo.

Podemos encontrar evidencia de esta interconexión en física en una propiedad conocida como entrelazamiento. La evidencia indica que cuando se crean dos partículas juntas, como a través de la desintegración radiactiva de otras partículas, permanecen unidas o enredadas, sin importar cuán separadas estén una de la otra. Cuando una partícula enredada tiene una carga positiva, su compañero tendrá una carga negativa. Revertir la carga de uno provoca una inversión instantánea en el otro. Esto desafía las leyes de la relatividad general porque implicaría una señal que viaja más rápido que la velocidad de la luz. Sin embargo, el concepto de entrelazamiento es consistente con las leyes de la mecánica cuántica, que describen un universo en el que las interacciones distantes no solo están permitidas sino que son comunes. Se cree que la mecánica cuántica se aplica solo a las partículas subatómicas porque los efectos cuánticos no son observables a mayor escala. Pero Stuart Hameroff, anestesiólogo y profesor de la Universidad de Arizona, y Jack A. Tirszynski, físico de la Universidad de Alberta, sugieren que el procesamiento cuántico, en un nivel mayor que el subatómico, puede estar ocurriendo dentro del cerebro.

Un modelo científico comúnmente aceptado establece que la conciencia surge como resultado del poder computacional (las capacidades de procesamiento de información) del cerebro humano. Hameroff está estudiando los microtúbulos, que son componentes estructurales de la célula que transportan nutrientes desde el cuerpo celular hasta el terminal del axón. En la investigación de Hameroff, señaló que la anestesia funciona a través de un efecto sobre los microtúbulos neurales. La correlación entre la conciencia y el poder computacional llevó a Hameroff a pensar que estos microtúbulos podrían, de hecho, actuar como módulos de procesamiento de información, lo que aumentaría las estimaciones actuales de las capacidades computacionales humanas más de un millón de veces. Y si este fuera el caso, la potencia informática simple podría ofrecer a los humanos el "ancho de banda" mental necesario para comunicarse conscientemente con la biosfera, en esencia aprovechando la información de nuestro universo interconectado.

Con investigaciones como esta, los científicos están encontrando modelos para dilucidar lo que los chamanes y videntes han explicado tan elegante y simplemente en el pasado como nuestra capacidad de tener un diálogo activo con toda la naturaleza.

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